La Venta de TELMEX a Carlos Slim

20110329-031137.jpg

El Grupo Carso toma el control de TELMEX
Diciembre 9 de 1990

Con el argumento de que la red pública de telefonía requiere expandirse, modernizarse, mejorar la calidad de servicios y hacer grandes inversiones, el gobierno deja de ser accionista mayoritario. El Grupo Carso, dirigido por Carlos Slim Helú, toma el control de TELMEX al hacerse del 71% de las acciones de la empresa (25% queda en manos del Estado y el 4% restante de las acciones, es comprado por el Sindicato de Telefonistas) por mil 757.6 millones de dólares. Su finiquito empezará el 20 de diciembre siguiente. Antes de ser vendida Teléfonos de México, había tenido –entre enero y septiembre de 1990- utilidades por más de dos billones de pesos.

Desde hacía una semana circulaba información extraoficial en el sentido que desde el 10 de agosto anterior, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Andrés Caso Lombardo; el secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, y el director general, Alfredo Baranda García, habían ampliado a Teléfonos de México la concesión por 50 años y que sería prorrogable por quince más, y luego por tiempo indefinido, si la empresa se expandía y aumentaba la productividad.

Luego se supo que desde el 15 de noviembre pasado habían hecho sus propuestas la empresa francesa France Telecom, la estadounidense South Western Bell International Holding Co. y el Grupo Carso, que fue el que finalmente adquirió el paquete accionario de Telmex en condiciones muy ventajosas por las elevadas utilidades, por el valor de la infraestructura y porque se le dio el monopolio absoluto durante seis años; además, se le permitió modificar las tarifas para lograr “una expansión eficiente”. El paquete adquirido incluyó Telmex y Telnor (Teléfonos de Noroeste, operador telefónico del noroeste de México), la única concesión de telefonía celular de alcance nacional, la Red Federal de Microondas y bandas de frecuencias. Con excepción de servicios de televisión y radiodifusión, Slim podrá ofrecer todo tipo de servicios de telecomunicaciones. En compensación a Emilio Azcárraga, dueño del monopolio televisivo, se le prohibió adquirir Telmex.

Eliminados los subsidios también, a partir del siguiente año, la empresa iniciará ajustes mensuales –especialmente a los servicios comerciales y de larga distancia-; los servicios de infraestructura y aparatos, serán sujetados al libre mercado.

Ramón A. Sallard y Salvador Corro (Proceso, No. 736), en su momento refirieron que según la concesión, “queda prohibido, a Telmex, recurrir a la intervención extranjera. ‘Se compromete a no pedir ni aceptar para todo lo relativo a la operación y explotación de los servicios que en este título se consignan, la intervención diplomática de algún país extranjero, ni la de cualquier organismo público o privado de carácter internacional, bajo la pena de perder, en beneficio de la Nación Mexicana, todos los bienes y derechos que hubiese adquirido para construir, establecer y explotar la vía de comunicación y los servicios concesionados…’; que Telmex ‘en ningún caso podrá aplicar prácticas monopólicas que impidan una competencia equitativa con otras empresas en las actividades que desarrolle directa o indirectamente a través de sus filiales’…” En adelante, Telmex segmentará servicios y buscará que “el usuario pague, además del costo del servicio, la inversión futura. En la nueva concesión se plantea que las tarifas del servicio local suban 127 %. Y para 1994, año en que ya debe haber precios reales, la renta básica se haya incrementado en 95 %y el servicio de tiempo medido en 328 %”.

Años después, A Roller Noll, economista de la Universidad de Stanford que asesoró a México en la venta de Telmex en 1990, declarará (La Jornada, 24 de mayo de 2005) que no fue aceptada su “propuesta de privatizar por separado los servicios de telefonía local y de larga distancia, después de instituir una entidad reguladora independiente…”; que ‘‘la forma de generar la mayor cantidad de dinero [para el Estado] es privatizar el monopolio con un mínimo de regulaciones. Si el objetivo es mejorar el desempeño [de la industria], primero se establece una entidad reguladora, luego los competidores, y después se privatiza la competencia”. Noll declaró además, que “México enfrentó el consejo contradictorio del Banco Mundial que recomendó vender Telmex como un monopolio… ‘En el momento en que la privatización se efectuó en México, en el Banco Mundial dijeron que era una industria muy frágil y que no habría incentivos para la inversión. Fue un completo error’’.

Hasta los años ochenta, Slim no fue un empresario poderoso, pero entre 1981 y 1986 comenzó a comprar empresas arruinadas por la crisis económica. A partir de la compra de Telmex, la fortuna de Slim crecerá aceleradamente, y será permanentemente cuestionado por el precio (1,757 millones de dólares) que pagó por Telmex, para algunos muy por debajo de su valor y por haber sido favorecido por el presidente Salinas de Gortari, ya que obtuvo una financiación del gobierno federal por un monto de 426 millones de dólares, al 10.68 por ciento de interés y un plazo de seis meses. Asimismo, será impugnado por sus altas tarifas y por su condición de monopolio.

Al respecto, Francesc Relea en el libro Los amos de México, coordinado por Jorge Zepeda Patterson, cita un uniforme del Banco Mundial elaborado tras más de quince años de privatización en el que se lee: “Los costos son altos si se les compara con otros países…Telmex domina el mercado de larga distancia y el mercado celular y de telefonía local. Sus márgenes de utilidad netos son de más del doble que los de su rival más cercano. Asimismo, las tarifas telefónicas son altas en México si se les compara con América Latina, en especial en los precios locales para la telefonía comercial. Las tarifas comerciales de telefonía (incluyendo costos de instalación, cuotas mensuales y tarifas por minuto) son más de tres veces mayores en México que en Argentina y cuatro veces mayores que en Brasil.”

Asimismo, Relea reproduce la información oficial con que Telmex responde a la acusación de monopolio:

“En el mercado A (grandes ingresos, grandes clientes) Telmex tiene el 48 por ciento del mercado.

En el mercado B (empresas pequeñas, barrios ricos como Lomas de Chapultepec, Polanco), 66 por ciento

En los mercados C, D, E Y F (sierra de Oaxaca, Chiapas, Guerrero), Telmex tiene el 100 por ciento del mercado. Esos mercados constituyen el 80 por ciento de las líneas”.
.
Y además, cita las declaraciones de Eduardo Pérez Motta, presidente de la Comisión Federal de Competencia CFC, respecto a la actuación de Telmex: “Ha tratado de evitar la regulación y la aplicación de la ley, haciendo caso omiso a las acciones de la Comisión de Competencia…Ha hecho un uso muy intenso del poder Judicial. Recurren todas y cada una de las decisiones de la CFC. Tratan constantemente de evitar la participación de competidores. Muy pocas decisiones de la CFC en materia de investigaciones han significado algún tipo de sanción o castigo para Telmex. Incluso ante las últimas multas han logrado presentar los correspondientes recursos que han sido aceptados por el Poder Judicial”.

Actualmente, Telmex es una las firmas de mayor valor de América Latina; influye para bloquear o retrasar normatividades regulatorias o para eliminar la competencia; controla el 94% de telefonía fijas, 78% de servicios celulares y 70% del mercado de banda ancha de Internet y ha expandido sus servicios a centro y Sudamérica; sin embargo, México tiene menos teléfonos por persona y las tarifas más altas que cualquier otro país de la OCDE.

El Grupo Carso con su agresiva estrategia de compra de empresas, controla y opera gran cantidad de negocios tanto dentro del país, como en América Latina y aún en los Estados Unidos, en sectores estratégicos como el industrial, de construcción y en general de infraestructura, comercial y de consumo; pero sobre todo el de telecomunicaciones; ningún consumidor le es ajeno, hasta el más pobre le proporciona ganancias.

En agosto de 2007, según la revista “Fortune”, al crecer su patrimonio este año en 12 mil millones de dólares, Slim se convirtió en el hombre más rico del mundo, con una fortuna calculada en 59 mil millones de dólares, amasada a partir de la compra de Telmex, empresa pública privatizada en un país en el que cerca de la mitad de sus habitantes vive por debajo de la línea de la pobreza y cuyo PIB per cápita es de sólo 7 mil dólares. La riqueza de Slim es producto de las posiciones monopólicas que disfrutan sus compañías, en especial en el sector de las telecomunicaciones, y de un entorno de gran debilidad de las instituciones gubernamentales mexicanas incapaces de legislar, regular y sancionar tales prácticas empresariales, y que permite el uso de la política para adquirir riqueza y de la riqueza para ganar poder político, en un proceso sin fin que conduce a la concentración de todo tipo de poder en unas cuantas manos. Al respecto cita un artículo que escribió Mary Anastasia O’Crady en The Wall Street Journal. “El dueño de Microsoft (Bill Gates) hizo su fortuna como un innovador que aportó valor añadido a las vidas de sus clientes. Slim se hizo rico a base de aprovecharse de un entorno favorable en el que disfrutó de privilegios para los monopolios, que le permitió acumular riqueza e influencia política”,

Vance Packard (The Ultra Rich) escribió en 1989 respecto a las grandes fortunas norteamericanas: “El hecho de que la libre empresa permanezca como el método más exitoso de estimulación del crecimiento económico no significa que requiera un sistema de gratificación creado y sustentado en una creciente y grotesca acumulación de fortunas familiares. Las acumulaciones empiezan a tener una influencia negativa en la operación eficiente de nuestra economía. Tienen el potencial de ser peligrosas políticamente. En una sociedad democrática, se están convirtiendo en socialmente injustificadas”.

Por su parte Kevin Phillps (Wealth and Democracy) concluye en el 2002: “Al inicio del siglo XXI, el desequilibrio entre la riqueza y la democracia en Estados Unidos es insostenible, al menos con las unidades de medida tradicionales. La teología del mercado y el liderazgo de los no electos han desplazado la política y las elecciones. O se renueva la democracia, trayendo de nuevo a la vida la política, o la riqueza va a cimentar un nuevo y menos democrático régimen – plutocracia con otro nombre”.

Si esto piensan esos autores para Estados Unidos, país rico ¿que consecuencias políticas tendrá para un país de pobres como México, tener entre sus ciudadanos al hombre más rico de la tierra?

Doralicia Carmona. Memoria Política de México.

20110329-031058.jpg

About these ads

Publicado el 03/28/2011 en De todo, Política, Tecnología y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: